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miércoles, 6 de noviembre de 2024

El huerto de invierno

¡Octubre no es el fin de la temporada para nuestros cultivos! Incluso en invierno, nuestro huerto puede seguir ofreciéndonos productos increíbles. Muchas coles, tubérculos y algunas lechugas prefieren el clima fresco y, a veces, saben mejor cuando han estado expuestos al frío, ¡incluso con temperaturas bajo cero!

Pero… ¿Por qué este cambio en el sabor? Simplemente porque las heladas activan procesos en algunas plantas que convierten el almidón en azúcar, lo que mejora su sabor. Además, el frío constante sin heladas también contribuye a un sabor más delicioso. Cuando la planta reduce su metabolismo, el azúcar y los sabores se concentran más en remolachas, tubérculos y hojas, sin que la planta los procese más.

Para el huerto tradicional, el otoño supone el final de una temporada, la de los abundantes frutos del verano, y el principio de otra marcada por el frío. El otoño es una estación con un clima muy variable, que puede ir desde días casi veraniegos hasta noches bajo cero.

Se acerca el invierno y, con él, el frío. En esta estación, que se caracteriza además de por el frío, por días cortos y noches largas, puede que nos resulte complicado cultivar en nuestro huerto debido a las condiciones climáticas. Las heladas que se pueden llegar a producir por el frío intenso de algunas zonas, pueden resultar devastadoras para nuestro huerto, pero aunque no llegue a helar, deberemos dedicarle unos cuidados especiales.

Si no disponemos de un huerto lo suficientemente amplio deberemos de proporcionar un espacio a los cultivos de invierno que vamos a cultivar. Empezaremos, como de costumbre, retirando los cultivos que tengamos a medida que se van agotando. Así mismo procederemos a la limpieza del terreno de las posibles malas hierbas. Posteriormente removeremos la tierra para airearla.

Bancal de invierno labrado.

Bancal de invierno ya plantado.

Una de las ventajas de sembrar verduras en esta estación es que requieren menos cuidados que en verano. Gracias a que el agua tarda más tiempo en evaporarse, se necesita poco riego, en algunos casos bastará con una o dos veces a la semana, por lo que el ahorro en agua es bastante significativo. Otro punto a favor es que como la temperatura es baja, hay menos riesgo de plagas de insectos y la tierra no sufre tantos daños.

Pero no todo son buenas noticias. Una de las desventajas a la que se enfrenta este tipo de plantación es que necesita días cálidos o una mayor exposición solar para crecer en condiciones favorables.

Los cultivos de invierno, además de proporcionarnos verduras frescas durante los meses más fríos, tienen varios beneficios para nuestro huerto:

·    Mejora la salud del suelo: Los cultivos de cobertura, como las leguminosas, pueden fijar nitrógeno en el suelo.

·       Disminución de plagas y enfermedades: El frío controla naturalmente muchas plagas.

·           Disminución en la frecuencia de los riegos.

·       Diversificación en nuestra dieta: Los cultivos de invierno pueden añadir una nueva dimensión a nuestra alimentación.

Cultivar en invierno puede parecer desafiante al principio, pero los resultados, tanto en términos de productos como de satisfacción personal, son inmensamente gratificantes.

Como he dicho anteriormente el riego, en esta época, resulta obvio que la zona en la que nos encontremos determinará mayormente la frecuencia de riego necesario. Así, en las zonas del norte, y dadas las elevadas precipitaciones, es posible que no solo la frecuencia de riego centre nuestra atención, y tengamos que dedicar parte de nuestro esfuerzo a vigilar el drenaje de la tierra.

Por el contrario, en territorios menos fríos y más secos, sí que deberemos estar más atentos al tema del riego, si bien es cierto que la frecuencia y volumen de los aportes de agua necesarios, lógicamente, son bastante menores que los necesarios durante el resto del año.

El horario de riego es algo a tener también en cuenta, y en esta época del año conviene que sea a mediodía, ya que es a esa hora del día cuando existen menos riesgos de heladas.

Aunque es cierto que las bajas temperaturas reducen la actividad de las plagas, siempre podemos encontrarnos con algunas plagas más resistentes, las cuales pueden seguir siendo un problema, tales como:

·      Pulgones: Incluso en invierno, pueden encontrar el calor necesario en el invernadero o bajo cubiertas de plástico.

·      Hongos: La humedad excesiva y la mala circulación del aire favorecen su aparición.

·      La prevención es clave: deberemos asegurarnos de que nuestras plantas estén bien espaciadas para una buena circulación del aire, actuando rápidamente ante los primeros signos de infestación.

Y, ¿Que plantamos en nuestro huerto de invierno? Las "verduras de invierno" incluyen variedades resistentes como coles, tubérculos y hortalizas de raíz, además de lechugas que también pueden cultivarse y cosecharse en la temporada primaveral.

En nuestro huerto podemos cultivar una amplia variedad de cultivos de invierno sin muchas restricciones. Como siempre, es importante asegurarnos de que las verduras tengan suficiente espacio y nutrientes, y que se complementen bien con sus vecinas.

El primer aspecto a tener en cuenta a la hora de cultivar verduras de invierno es saber qué tipo de alimentos se plantarán. Algunos como la col, puerros, habas o lechugas son buenas opciones, ya que en esta fecha se desarrollan sin inconvenientes. Los expertos aconsejan que se siembre en lugares soleados para que agarren con fuerza y estén sanos.

La siembra puede iniciarse a partir de septiembre, no obstante aquí os dejo una pequeña lista de algunas verduras y hortalizas que se pueden cultivar en esta época, así como algunos consejos que os pueden servir de ayuda al cultivarlas:

Puerros y Coliflores.


 

 

Berzas de invierno.

Col: Tiene numerosas opciones para ser plantada en los meses más fríos, puesto que aguantan muy bien las heladas. Un aspecto a tener en cuenta antes de cosecharla es escoger una variedad que resista a las temperaturas frías.

Coliflor: Este tipo de alimento guarda muchas similitudes con la col; aguanta muy bien los grados bajo cero. Si se desea tener una buena cosecha, se debe preparar correctamente el terreno, ya que esta planta necesita muchos nutrientes para poder crecer.

Guisantes: se siembran de octubre a diciembre, o de febrero a mayo, empieza a dar frutos cerca de dos meses después de la siembra y como observación, decir que crece mejor en zonas húmedas pese a que también le gusta el sol. El riego deberá ser más o menos frecuente.

Acelgas: El cultivo de las acelgas se puede realizar durante todo el año. Entre sus beneficios destacan por contener mucha fibra y ser rica en vitaminas como la C, E y A.

Espinacas: Con un periodo de siembra bastante amplio, que va desde agosto a febrero, la siembra se puede llevar a cabo directamente a voleo, o en líneas y con aclareo posterior. La cosecha la obtendremos entre 2-3 meses después de la siembra. Tolera la sombra y la humedad, y su riego debe ser más o menos frecuente.

Lechuga: Sin duda la hortaliza más consumida, sobre todo si se vive en una zona con un clima templado. El tiempo de espera para que se desarrolle es entre 20 y 60 días.

Ajos: El ajo de invierno produce bulbos más grandes que los cultivados en primavera. El período idóneo para sembrar ajos suele ser de noviembre a febrero, en el hemisferio norte. Es un cultivo de ciclo largo que germina tímidamente en invierno, crece y engorda a lo largo de la primavera, y no se cosecha hasta finales de junio, tras haberse secado en tierra. Los ajos tiernos o ajetes son el mismo ajo pero cosechado durante la primavera, cuando todavía está tierno y antes de que engorde el bulbo.

Ajos.

Puerros.

Los ajos no requieren de condiciones o cuidados muy especiales durante su cultivo. Sólo necesitas unos dientes de ajo sanos y en buen estado.

Haz un pequeño surco en la tierra (de 3 a 6 cm de profundidad es suficiente) y coloca los dientes de ajo directamente en la tierra.  Asegúrate de que la punta del ajo queda orientada hacia el exterior (hacia arriba) porque de ahí es de donde brotará el tallo.

Deja una distancia entre ajo y ajo de unos 15 cm.

Es un cultivo que requiere luz, por lo tanto, ubícalos en una zona que reciban luz directa. Los ajos aguantan muy bien las temperaturas frías, así que no te preocupes mucho por las temperaturas bajas.

Lo más importante se podría decir que es controlar los riegos. De hecho, si los tienes cultivados en el exterior y reciben agua de lluvia no tendrás que regarlos, porque necesitan muy poca agua, tan poca como un riego o dos al mes.

Habas: Son plantas de desarrollo otoñal e invernal. Dependiendo del microclima, la época de siembra varía. Es importante una adecuada elección de la variedad y el respeto de su ciclo.

Por debajo de 0 ºC pierden la flor, iniciando el rebrote en cuanto se moderan las temperaturas.

Moderación con los riegos, sobre todo en la floración: Crecen de forma óptima con niveles de humedad constantes. El estado de tempero es ideal para ellas, por lo que intentaremos mantenerlo el mayor tiempo posible por medio de binados (escardas) o con acolchados. En floración debemos moderar el aporte de agua, pues el exceso provoca la caída de la flor. Es más importante conservar la humedad en la tierra que regar.

Para el proceso de siembra pondremos las semillas a remojo el día anterior. Se entierran 2 o 3 semillas a una profundidad de 4 o 5 cm, distanciando cada hoyo unos 30 o 40 cm. La distancia entre las filas ha de tener como mínimo 60 cm, distancia que aumentaremos según la humedad ambiental de la zona. A mayor separación entre filas, mejor aireación y menos riesgo de problemas criptogámicos. Procuraremos evitar excesiva densidad de plantas, incluso hay quien entre dos filas deja un pasillo de 80 cm para asegurarles una buena ventilación.

La cosecha es escalonada y puede prolongarse durante la primavera, teniendo cuidado al recolectar los frutos ya maduros con cuidado para no causar daños a la planta.

Esta es una buena planta para iniciarse en la obtención y conservación de nuestras propias semillas. Para ello, guardaremos la mejor mata de habas sin cosechar desde el principio y la dejaremos granar, después ataremos en hileras las habas para dejarlas secar al aire, que luego desharemos para guardar las semillas en botes bien cerrados hasta el cultivo del siguiente año.

En algunas zonas practican el despuntado de las ramas a partir de la sexta o séptima flor. Esta poda provoca un aumento del tamaño de las vainas y a la vez dificulta el desarrollo del pulgón negro.

Zanahoria: Es una de las hortalizas más comunes. Siendo su época de siembra de octubre a febrero, hay variedades que se siembran durante todo el año. La siembra se puede realizar a voleo o en líneas, y su recolección llegará a los 4-5 meses desde la siembra. Respecto a la exposición solar, no tiene preferencias, desarrollándose bien tanto al sol como a la sombra. Y en lo que al riego se refiere es aconsejable que sea más o menos frecuente y regular.

Cebollas: Se pueden plantar en septiembre y octubre para cosecharlos desde finales del invierno. Los calçots se consiguen sembrando bulbos maduros de cebolla ‘Blanca grande tardía de Lérida’.

Aunque para cultivar un huerto de invierno la principal desventaja, en algunas zonas, sea la necesidad de un invernadero por la inversión que supone, son una opción perfecta para iniciarse en la siembra y sacarle la máxima rentabilidad posible.

Por otra parte, es una alternativa excelente para personas veganas, vegetarianas o celíacas, puesto que se conoce todo el proceso total desde que se planta el alimento hasta que se consume.

Frase del día:

Tiene más el que está más contento con menos.” Diógenes.

lunes, 10 de julio de 2023

El Repollo

El repollo es una planta comestible perteneciente a la familia de las Brassicaceae. Se caracteriza por tener hojas gruesas y compactas en forma de cabeza redonda u ovalada. Es originario de Europa y ha sido cultivado y consumido desde tiempos antiguos.

El repollo es una de las hortalizas más versátiles y nutritivas. Es bajo en calorías y rico en fibra, lo que lo convierte en una opción saludable para incluir en la dieta. También es una buena fuente de vitaminas C y K, así como de folato, manganeso y antioxidantes.

Antiguamente, durante la Edad Media, formaba parte de la alimentación básica de los campesinos. El repollo se puede consumir crudo en ensaladas, cocido al vapor, salteado, en sopas o guisados. También se utiliza en la preparación de alimentos fermentados, como el chucrut.

Dependiendo de la zona en la que esté ubicado nuestro huerto, variará la época en la que comencemos con la plantación de los repollos coles o berzas, que es el tema que hoy nos ocupa.

Pero… ¿Cómo diferenciar la col, la berza y el repollo?

Como ya sabemos todas estas verduras pertenecen a la misma familia: Brássica oleracea, a la cual pertenecen también el brócoli y las coles de bruselas. Por eso, muchas veces la diferencia entre estos productos es complicada de observar. Así tenemos que:

·      La Col: Cuando hablamos de una col viene a nuestra cabeza la imagen de una verdura redondeada, de color oscuro y con muchas capas. Existen distintos tipos aunque la más conocida es la col de saboya y para prepararse debe cocerse previamente ya que es la manera de ablandar sus hojas.

·      La Berza: La berza se trata de una verdura de hoja alargada siendo similar a la acelga. Aunque, en este caso, tiene unas hojas más cortas y gruesas. A la hora de comprarla la encontraremos en ramilletes y es ideal para incorporar a todo tipo de guisos.  

·      El Repollo: Finalmente tenemos el repollo, el cual se parece mucho a la col en cuanto a su forma y color. Ambas tienen una tonalidad verde oscura, son redondas y están compuestas por muchas hojas. No obstante, la diferencia principal es que las hojas del repollo son mucho más lisas que las de la col. Además otra de las características del repollo, que no tiene la col, es que puede consumirse tanto cruda como encurtida. Por eso es ideal para preparar ensaladas.

El repollo sería, por tanto, un tipo de col. De hecho si te fijas en su aspecto es muy similar al que asocias habitualmente a las coles: una verdura de forma esférica con muchas hojas que pueden ser de distinto color dependiendo de la variedad de repollo que elijamos.

Col.

Berza.

Repollo.

Es una planta que se adapta bien al frío y a la humedad, por lo que es una buena elección para sembrar en el otoño. Esto significa que los agricultores podemos obtener una cosecha de repollo de buena calidad incluso en los meses más fríos del año.

Para la plantación del repollo existen dos épocas recomendadas, al igual que para el brócoli y demás crucíferas en el huerto, una de ellas es a finales de verano y principios de otoño, y la otra sería a finales del invierno o principios de primavera, aunque en este período, dependiendo de la zona, existen más posibilidades de que el repollo se abra y florezca antes debido a la subida de temperatura y además estaremos preparando el huerto para otros cultivos como tomates, pimientos, berenjenas, judías etc., por lo que es aconsejable efectuar el cultivo hacia finales del verano.

Se tiene constancia que en el antiguo Egipto ya se cultivaba esta especie en los limos del Nilo. “Es típico el limo depositado por el río Nilo después de las inundaciones que aportaban terreno fértil para la agricultura, desde el antiguo Egipto, hasta que este flujo fue interrumpido por la construcción de la presa de Asuán.”

Griegos y romanos también la cultivaron como alimento y como planta medicinal, para combatir trastornos intestinales, pulmonares, para aumentar la producción de leche materna, eliminaba la embriaguez, etc.

La temperatura ideal para el cultivo de esta planta está comprendida entre los 15 y 18 ºC, aunque existen híbridos que aguantan temperaturas de 23 a 34ºC.

Dentro de las variedades de repollos, los tenemos con hojas lisas o rizadas y la variante por su color morado que es la “lombarda”.

El repollo puede cultivarse en casi todos los climas, se adapta bastante bien; de hecho algunas variedades puede aguantar hasta -10ºC. Como le gusta el clima suave y húmedo del litoral, también puede cultivarse cerca del mar, ya que la brisa marina, cargada de sal, no le perjudica.

El repollo se adapta bien a casi todo tipo de suelos, aunque crece mejor en suelos ricos en nutrientes con una buena carga de nitrógeno, los prefieren de textura media, ligeramente ácidos, arcillosos, profundos y que retengan bien la humedad. Como he dicho anteriormente la salobridad del suelo no perjudica el desarrollo del cultivo, incluso puede mejorar su calidad y sabor, o darles un color más intenso.

Si nos hemos decantado por hacer nuestro propio plantero, comenzaremos a confeccionar el semillero a mediados de mayo y proceder al trasplantado al huerto a mediados de julio y mediados de agosto, escalonando de esta manera la recolección.

La distancia entre los repollos es un factor importante a considerar para asegurar una cosecha exitosa. El espacio adecuado entre las plantas determinará el tamaño y la calidad de la cosecha. Si las plantas se siembran demasiado cerca, el crecimiento se verá limitado disminuyendo la producción. Por el contrario, si se siembran demasiado lejos, esto aumentará el riesgo de propagación de plagas y enfermedades.

La densidad, o marco de plantación, variará en función de la variedad, aunque por regla general se plantan con un marco de 60 x 45 cm.

El trasplante se realizará cuando las plantas tengan entre 5-6 hojas verdaderas y tengan suficientemente desarrolladas las raíces y el cepellón salga bien de las bandejas del semillero.

La plantación deberemos efectuarla en un lugar que esté bien expuesto al sol, ya que esta planta necesita mucha luz.

Necesita una humedad regular, pues debido a la anchura de sus hojas, se evapora más agua. Es importante que no se produzcan encharcamientos, estos podrían provocar asfixia en las raíces y podredumbres.

Repollos gemelos.

El trabajo de mantenimiento es escaso, básicamente se limita a la eliminación de las malas hierbas y a suministrarle los riegos oportunos. El aporcado con tierra en la base del tallo ayudará a sostener el enorme peso que soporta la planta cuando se desarrolla el repollo.

Si nos hemos decantado por efectuar la plantación hacia mediados de verano, comenzaremos a recolectarlos a mediados de diciembre, pudiendo permanecer en el huerto, soportando las heladas y las nieves (si las hay), hasta el mes de marzo o abril.

Algunas variedades de repollo maduran más rápido que otras y pueden estar listos para recolectarse en un plazo de 45 - 60 días. Por otro lado, algunas variedades de repollo tienen un periodo de maduración más largo, y pueden tardar hasta 100 días en madurar y estar listos para su cosecha.

Los repollos se recolectan cuando han alcanzado el tamaño adecuado y al presionarlos con la mano están duros. Para ello, corta la cabeza del repollo en la base utilizando un cuchillo afilado.

A veces, por exceso de humedad o de maduración, los repollos se abren, por lo que tenemos que recolectarlos antes de llegar a este punto.

Su conservación en lugar seco y fresco puede mantenerlos en buen estado durante semanas.

ENFERMEDADES

·      Hernia de la col: es una enfermedad que provoca nudosidades en la raíces y en el tallo, por lo que las hojas se marchitan y las plantas a menudo acaban por morir. Para prevenirlo, realizaremos rotaciones bien espaciadas y evitaremos el uso de estiércoles frescos.

·      Mariposa de la col: (pincha en este enlace para conocer más sobre este tema); es una mariposa blanca de puntos negros que pone huevos de color amarillo bajo las hojas de las coles; las larvas, que son de color verdoso y algo peludo, van royendo las hojas hasta dejar tan sólo sus nervios centrales. Podemos prevenirla buscando los huevos en el envés de las hojas y destruyéndolos con los dedos o recoger manualmente las orugas. Si la plaga es considerable, podemos recurrir al Bacillus thuringiensis.

·      Pulgón: succionan la savia de las hojas, dando lugar a unas manchas amarillentas que terminan deformándolas. La planta se marchita y pierde mucha calidad. Para no tener problemas con el pulgón, controlaremos los aportes nitrogenados.

·      Babosas y caracoles: aunque no suponen un serio problema, se pueden comer las hojas de la col, accediendo a las hojas más externas y duras que normalmente no consumimos. Para evitarlos, aprovecharemos los días de lluvia para recogerlos y colocaremos tejas, boca abajo, alrededor del cultivo para que se refugien ahí y luego sea más fácil su recolección.

El repollo, como todas las hortalizas, es propenso a ciertas plagas y enfermedades, como las que he mencionado anteriormente, aplica medidas de control integrado de plagas, tales como utilizar insecticidas naturales, trampas o redes para proteger las plantas.

El repollo se asocia bien con las remolachas, judías, lechugas, guisantes, patatas, pepinos, tomates y muchas más. Además, hay algunas plantas aromáticas, como la menta, la melisa, el romero o el tomillo que alejan los parásitos de las coles. No se llevan bien con las fresas y con las habas.

Ya lo dice el refranero “el repollo de enero sabe a cordero”, cuando recolectamos el repollo que ha sufrido heladas estando en la planta, su sabor es absolutamente distinto a los tempranos o comprados en las tiendas. Esta es la razón de sembrarlos lo más tarde posible, dando siempre tiempo a que completen su estado vegetativo.

Espero que estas breves nociones te hayan servido para entender mejor cómo y cuándo plantar repollo. Siempre recuerda que la clave para una buena cosecha es cuidar y preparar el suelo adecuadamente y plantar semillas de calidad.

¡¡¡ Buena suerte y buena cosecha !!!

Frase del día:

La cometa se eleva más alto en contra del viento, no a su favor. ”

martes, 16 de noviembre de 2021

El final de los tomates

El verano hace tiempo que finalizó, y nos encontramos a mediados del otoño, ya hemos dicho adiós a esos vistosos cultivos de primavera-verano que hemos cultivado en nuestro huerto y, como era de esperar, los tomates hace un tiempo que ya han empezado a dar síntomas de agotamiento, por lo que se hace necesario proceder con su arrancado y dejar sitio para los cultivos de invierno, como las berzas, coliflores, brócoli, puerros, habas, cebollas….

 

 


 

Cebollas, Puerros, Habas y Bachocones.

2ª Plantación de Berzas y Coliflores.

Todo tiene un ciclo de vida y los tomates no son una excepción. Aunque en su hábitat natural, las plantas de tomate crecen como plantas perennes, por lo general se cultivan como planta anual para el cultivo. A los tomates se les conoce como perennes tiernos, ya que generalmente sucumbirán una vez que caigan las temperaturas, especialmente una vez que lleguen las heladas.

No cabe duda de que el tomate es la estrella en todo huerto, además está considerado como una de las “frutas”, sí una fruta, más valiosas que existen. En el camino para convertirse en la estrella de la huerta, ha ganado color, tamaño y vida útil. Pero ha perdido el alma: el sabor del tomate. La buena noticia es que la ingeniería genética ya tiene un plan para recuperarlo.

El sabor del tomate es la versión gastronómica de una orquesta sinfónica. Puedes retirar un instrumento sin que prácticamente se note, pero si se retiran muchos todo el mundo se da cuenta de que la pieza no suena bien.

La metáfora musical es muy apropiada, porque, mientras otras frutas como el plátano o la fresa son solistas (dependen de un compuesto volátil o de muy pocos), el tomate tiene unos 25 compuestos distintos para acabar creando su inconfundible olor y sabor.

Además de la recogida temprana, hay dos factores fundamentales que influyen en la deriva del tomate. El primero es el tamaño. Buena parte del sabor del tomate depende de los azúcares que contiene y, por normal general, el tamaño está inversamente relacionado con la cantidad de azúcar.

Para que nos hagamos una idea, los tomates actuales son mil veces más grandes que los primeros tomates domésticos.

El segundo gran factor ha sido que el sabor de los tomates nos ha dado bastante igual. Los incentivos económicos y empresariales priorizan el tamaño (y el peso) sobre el sabor y otras características. Eso hace que las variedades que se cultivan sean, fundamentalmente, las comerciales. Variedades que están seleccionadas para producir tomates enormes, brillantes, duraderos y de buen color. El sabor es secundario.

De hecho las variedades comerciales modernas solo tienen ya 13 de los 25 compuestos volátiles que le dan el olor al tomate, esto demuestra que llevamos décadas sin seleccionar los tomates por su sabor.

Ante esta coyuntura, la duda es si podremos alguna vez recuperar el sabor del tomate. La vida comercial del tomate hace que sea muy complejo y caro revertir el proceso.

Por eso, ¿Qué mejor que cultivar nuestros propios tomates en nuestro huerto? Podremos dotarlos de todas las atenciones que precisen y, con toda seguridad, no se parecerán en nada a los que podamos encontrar en los supermercados.

Una de las últimas recolectas de tomate de este año.

Una de las cosas a las que no solemos prestar atención es a la fase final de engorde y maduración, la cual conlleva una fertilización ajustada de ciertos elementos como pueden ser el potasio y el calcio.

El potasio aporta sanidad y también calidad del fruto, reduce el estrés hídrico y permite que las células del fruto sean más permeables, favoreciendo más cantidad de agua en el fruto.

Previo a la fertilización con potasio, hay que remarcar que los consumos de calcio desde las primeras fases fisiológicas hasta el inicio del engorde del fruto son necesarios para provocar una división celular y dureza del fruto de cara a su recolección.

Por lo tanto se hace necesario el aporte de calcio desde el inicio hasta la fase de engorde, en la que procederemos a la aportación de potasio.

Y, ¿porqué no, algunas curiosidades sobre los tomates?

¿Tus tomates se agrietan y se rajan?

Si has cultivado tomates alguna vez habrás observado que alguna vez han aparecido agrietados y rajados, esto suele ocurrir por varios motivos y con unas sencillas prácticas  podemos evitar su aparición.

Este agrietado o rajado no constituye ningún tipo de enfermedad y, estos tomates, se pueden comer con toda tranquilidad. Estas grietas aparecen por otras razones, entre las que podemos destacar:

·      Exceso de riego: al regar la planta en exceso los tomates se hinchan, por lo que terminan agrietándose.

·      Exceso de abono: sobre todo si en el suelo predomina el nitrógeno.

·      Cambios de la temperatura: deferencia de temperatura entre el día y la noche.

¿Cómo podemos evitar el rajado de nuestros tomates?

Una vez conocemos las causas más comunes para que nuestros tomates se rajen o agrieten evitarlo es muy sencillo. En primer ligar debemos regar siempre con la misma frecuencia y  hemos de evitar pasarnos en exceso. Si podemos aplicar algún acolchado natural mucho mejor ya que este mantendrá la zona con cierta humedad.

Controlaremos el estado del suelo de nuestro huerto y conoceremos la necesidad de nutrientes procediendo después al abonado en consecuencia. Con este acto conseguiremos el frenado de la aparición de plagas o enfermedades.

Con la temperatura no podemos efectuar muchas acciones, únicamente podemos optar por la recolección un poco antes de la maduración.

¿Se caen las flores de tus tomateras?

Con toda seguridad que alguna vez te ha pasado, tus tomateras han dado unas flores preciosas y en una buena cantidad, de pronto observas que, poco a poco, estas se van secando y caen al suelo, sin haber llegado a cuajar los tomates.

Antes de nada conviene saber que los tomates se auto polinizan, sus flores son macho y hembra al tiempo por lo que no se necesita más de una planta para la reproducción, no obstante   los insectos y el viento son importantes ya que cuando las abejas se posan sobre las flores del tomate, el zumbido de sus alas ayuda a agitar el polen y a moverlo dentro de la flor.

Por lo tanto vamos a identificar algunas de las causas que provocan esta caída de flores:

·      Temperatura: si esta sube por encima de 35 ºC la cantidad de polen de la flor baja notablemente lo que dificulta que la flor se polinice.

·     Poca luz: las tomateras necesitan mucha energía para producir tomates y esta la obtienen del sol, si no tienen al menos 6 horas de luz solar, si no reciben esa cantidad de luz, es posible que no sean capaces de sacar adelante los frutos.

·      Poca agua: Una planta con estrés hídrico no producirá frutos, producirá flores pero estas, simplemente, caerán.

·    Desequilibrio de Nitrógeno: tanto por exceso como por defecto, el nitrógeno, si nuestra tierra carece de nitrógeno, saldrán las flores pero estas caerán al poco tiempo, no obstante si la tierra tiene exceso, las plantas crecerán rápidamente y producirán una gran cantidad de hojas en detrimento del poco desarrollo de flores que se producirá.

·     Falta de Fosforo: la falta de fósforo se traduce en el secado de las flores. El aporte de un fertilizante foliar alto en fósforo solucionará este problema.

     Frase del día:

     " No confundas actividad con logro."