lunes, 5 de septiembre de 2022

La frondosidad de la parra virgen

Los meses en que la recolecta de cosecha era cuantiosa están llegando a su fin, con la llegada del otoño, el final del ciclo de los cultivos de verano llega a su fin. Pero… tenemos que tener en cuenta que, por ser una época en la que el huerto ha entrado en decadencia, podemos dejar de lado las labores y cuidados del mismo.

Es el momento idóneo de proceder con el levantado de los cultivos de verano, cuya producción es escasa o nula en estos momentos, y preparar el terreno para los nuevos cultivos de invierno.

Podremos seguir recolectando tomates (como los de las imágenes superiores, más de un kilo de tomate y 600 gr. respectivamente), pimientos, puerros, cebollas, acelgas, berenjenas, etc. aunque cada vez en menor cantidad.

No debemos de olvidarnos de uno de los productos estrella de los cultivos de invierno: Las habas.

Terreno preparado para Habas.

Aportando abono.

Así mismo prepararemos el terreno para el trasplante de berzas, coliflores y cebollas.

En esta entrada trataremos, muy someramente, sobre el cultivo de la cebolla.

Existen dos factores importantes para garantizar el éxito del cultivo de cebolla: las variedades de la planta y las fechas de plantación.

Plantación de Habas, 2022

Ahora bien, no todas las variedades de plantas de cebolla son adecuadas para todas las épocas del año, ni todos los suelos son aptos para su cultivo.

La cebolla es una planta que tolera diferentes climas, crece muy bien en un rango de temperatura ambiente entres los 13 °C a 28 °C.

La época de siembra para plantar cebolla, en España, va a depender de las particularidades del ciclo de cultivo de cada tipo de cebolla y de las condiciones climáticas de cada lugar. Las que se conocen como cebollas tempranas se suelen plantar a finales del verano o principios del otoño, normalmente entre agosto y octubre (en el hemisferio Norte).

Mientras que las llamadas cebollas tardías se plantan en invierno o principios de la primavera, normalmente entre diciembre y marzo. En caso de plantar las cebollas a partir de bulbillos, en general, la época idónea suele ser el otoño y el invierno, entre septiembre y febrero.

A pesar de que la siembra de cebolla no necesita de cuidados rigurosos dado que requiere muy poco espacio y tiene un corto período de crecimiento, hay pasos que debemos seguir en las primeras fases para conseguir una buena cosecha:

  • La planta de cebolla necesita mucho sol, principalmente en la época en la que se forman los bulbos.
  • No necesita un aporte hídrico importante, sobre todo cuando ya se ha formado el bulbo pues tenderá a podrirse.
  • No les gusta los encharcamientos, el suelo debe de ser esponjoso y permeable.
  • El abonado debe de contener cantidades generosas de potasio y fosforo, generalmente el abonado se hace antes de la siembra, y controlaremos el exceso de nitrógeno.
  • Por norma general, el período de crecimiento oscila sobre unos 5 meses. Importante que cuando se aproxima esa etapa, se les pisa el cuello para que todos los nutrientes vayan al bulbo, en unos días procederemos a su arrancado y posterior seca, exponiéndolas al sol en el mismo terreno donde se han cultivado, durante unos día.

La cebolla es un alimento muy beneficioso para la salud, ya que contienen una cantidad considerable de nutrientes, siendo uno de los alimentos más usados en los hogares de todo el mundo.

El estado del huerto a finales de agosto luce espectacular y de ello da fe la exuberancia y frondosidad de la parra virgen y la pérgola de bachocones, han sido capaces de crear un espacio fresco y lleno de color en el huerto.

Es uno de los símbolos por excelencia del verano y otoño, por el color de  su follaje verde (en primavera-verano) y rojo (durante el otoño).

Surgen a principios de la primavera y sus hojas adquieren un color verde intenso y brillante, muy fresco y luminoso. A medida que va transcurriendo el verano el verde se oscurece y al adivinarse el otoño las hojas van cambiando su color al rojo. Una vez entrada la estación, la parra virgen se habrá puesto de un rojo intenso espectacular, y se mantendrá así hasta el invierno, momento en el que perderá sus hojas.

De cuidados sencillos, el cultivo de la parra virgen nos exigirá pocas atenciones, en comparación con la belleza que nos regalará mientras se mantiene su característico color verde intenso y posteriormente cuando comienza a tomar los tintes naranjas, rojos y burdeos propios de la estación invernal.

Únicamente deberemos de prestar especial atención en el momento de su plantación, eligiendo un lugar en el que esté protegida del sol y junto a una pared, celosía o pérgola por la que pueda trepar, el terreno deberá de tener un buen drenaje y ser rico en nutrientes. Es posible cultivarla también al sol, pero es cierto que privándola de él lograremos una mayor intensidad en la coloración de sus hojas.

Para su plantación cavaremos un hoyo profundo en el suelo, orientado el norte o al este, de unos 50 cm de diámetro y otros 50 cm de profundidad, las raíces de la parra necesitan bastante espacio y estar profundas en el terreno.

Posteriormente añadiremos una buena capa de materia orgánica para enriquecer el terreno.

Seguidamente colocaremos la planta enterrando las raíces y regando después abundantemente.

Para su mantenimiento, y con respecto al riego, la parra virgen prefiere suelos húmedos, pero no encharcados, el riego debe de ser regular, vigilaremos la tierra y regaremos cuando esta esté ligeramente seca, así la mantendremos ligera y aireada.

Por otro lado, una vez haya enraizado y como buena trepadora que es, deberemos de tener ciertas precauciones en su crecimiento. Aunque no precisa poda, sí es importante mantenerla a raya si queremos que no crezca de manera descontrolada tapando ventanas, canalones o puertas, y convirtiendo su presencia en algo incómodo. Una vez ha arraigado, es interesante podarla de manera selectiva respetando las ramas leñosas viejas y recortando las jóvenes.


Es de vital importancia que al realizar esta labor no despeguemos aquellas ramas que no queremos cortar, ya que una vez se haya separado de la pared a la que están ancladas, tienen serias dificultades para volver a hacerlo.

Al comienzo del verano observaremos que nuestra parra virgen se llena de unos frutos pequeños y de color negro azulado que penden de unas ramas rojas.

Estas bayas atraerán a los pájaros, ya que para ellos son un verdadero manjar. Sin embargo, debemos saber que no son comestibles para los humanos. Estas poseen una alta concentración de ácido oxálico lo que les confiere un sabor muy desagradable que nos protege de cualquier tentación de ingesta.

Al ser una planta resistente no suele sucumbir al ataque de los insectos. En determinadas ocasiones puede verse atacada por la araña roja o por la cochinilla.

Destrozos en los exteriores de la Villa, los jabalíes este año, al igual que el anterior, han vuelto a hacer destrozos en la higuera, rompiendo y destrozando las ramas inferiores, por lo que en años venideros el acceso a los higos se dificulta un poco más.

Destrozos en la Higuera.

Mr. Potato

Y que os parece Mr. Potato? Curiosa berenjena recolectada esta temporada.

Mención especial para la colmena, durante todo el verano las pobres obreras han estado “tomando el fresco”, a partir de las 21:00 horas en la piquera de la colmena, debido a la falta de espacio en la misma, al ser una caja para enjambres y no haberla cambiado a una caja más amplia una vez entró el enjambre.

Tengo preparada una caja más amplia, de 10 cuadros, en la cual incorporaré los cinco cuadros existentes en la colmena pequeña y otros cinco más que mi hermana, “la Mary”, me ha preparado con cera estampada perfección.

Esta cera estampada de abeja es una lámina de cera en la cual, por medio de una estampadora de cera, quedan impresos los hexágonos a partir de los cuales, las abejas construirán las celdas que utilizarán para cría o para depósito de miel y polen.

La cera de abeja es uno de los elementos más importantes de la colmena para la producción de la miel, ya que una lámina de cera de buena calidad, facilita el trabajo a las abejas con el consiguiente beneficio en tiempo aprovechado y rendimiento en la miel.

En próximos días quedará solucionado este tema, aunque, posiblemente, un poco tarde. Estoy a la espera de la consecución de un ahumador, utilizado en la apicultura para lograr el control sobre las abejas, que ante la presencia del humo se retiran como reacción a un instinto natural de supervivencia, basado en una simulación de un incendio, las abejas no sufren ningún daño.

Con la utilización del ahumador, el humo le crea una oportunidad perfecta al apicultor para que abra la colmena y trabaje, mientras se bloquea la reacción protectora de la colonia de abejas. Además, el humo inicia una reacción en las abejas, y estas llenan su abdomen de alimento (anticipándose al “posible” abandono de la colmena ante la amenaza de un posible incendio.) Cuando una abeja consume "miel", su abdomen se llena y es difícil que se agache para picar.

Frase del día:

No se trata de ser el primero sino el único. ”

viernes, 26 de agosto de 2022

El secreto del mecanismo del botijo

¿Por qué enfría el agua un botijo?

 “Vasija de barro poroso que se usa para refrescar el agua, de vientre abultado, con asa en la parte superior, a uno de los lados boca para llenarlo de agua, y al opuesto un pitorro para beber”. Así de sencillo define la RAE el botijo. Lo sorprendente del botijo es que refresca el agua incluso bajo el sol. Y ahora podemos preguntarnos, ¿cómo lo hace?

Su origen está en la Mesopotamia de hace 5.500 años y el más antiguo en España data de algo más de 3.500 años.


Botijo con recipiente para la sudoración.

En realidad todo se debe a las leyes de la física. Lo que hace un botijo es absorber el calor de evaporación del agua, lo que causa que el agua vaya poco a poco perdiendo temperatura (el mismo proceso físico que emplea nuestro cuerpo para refrescarse a través de la sudoración) Claro, este mecanismo no funciona en sitios con mucha humedad, porque la evaporación es mínima. Y el motivo de que casi todos sean blancos o claros, es para absorber menos radiación solar.

Fue la nevera quien convirtió al botijo en una reliquia del pasado, testigo mudo de aquellos sufridos tiempos en los que asistió a peones y labradores bajo el sol abrasador. En las casas también ayudaba, claro, pero como muestra de la constante mejoría en la refrigeración doméstica del agua tenemos todos esos antiguos «botijos» esmaltados o de cristal que a partir del siglo XVIII adornaron las mesas de los ricos.

La evaporación del agua a través de un material poroso permite construir recipientes refrigeradores sencillos y eficaces.

Un botijo es un recipiente utilizado durante siglos, principalmente en España, cuyo objetivo es almacenar agua, enfriarla y mantenerla fresca, hasta 10º C por debajo de la temperatura ambiente, invirtiendo un tiempo en este proceso de aproximadamente 1 hora.

El origen de este término se remonta a los romanos, que lo denominaban “buttis”. Actualmente suele recibir diferentes nombres en función de la localidad: en Andalucía se conoce como “búcaro”, en Cataluña como “càntir”, etc.

Este objeto a base de arcilla, o cerámica, que no ha sido cocida hasta el punto de vitrificación es, por lo tanto, ligeramente poroso y más grueso que el gres o porcelana.

Por regla general, si la arcilla se cuece a temperaturas por debajo de los 1.000 grados, se conservan los huecos entre las partículas de la arcilla y las paredes de la vasija cocida tendrá poros microscópicos por los que, al llenar el botijo, podrá escapar una pequeña cantidad de agua.

En un ambiente cálido y seco, cuando llenamos un botijo de agua, una pequeña parte de ella se va filtrando a través de los poros de la arcilla y emprende un camino hacia el exterior, extrayendo en ese proceso parte de la energía térmica o calor del agua que queda dentro.

Si el botijo es bueno, decimos que “suda” porque el agua alcanza la superficie externa y la humedece. Lógicamente, si los poros han sido destruidos o tapados ya sea por un proceso de vitrificación o porque se ha pintado o barnizado el exterior, el botijo no sudará y tampoco enfriará el agua, sólo servirá de adorno.

Está bien elegido el término, porque el mecanismo de enfriamiento es el mismo que nos refresca a nosotros cuando sudamos y nos ponemos en una corriente de aire.

Tecnología simple, pero útil: Las moléculas de agua en estado líquido se mueven deslizándose unas sobre otras y chocando entre sí. En el seno del líquido están en contacto unas con otras, pero en la superficie del agua algunas moléculas reciben de sus vecinas impulsos lo suficientemente fuertes como para escapar y mezclarse con el aire. Así se forma una nubecilla de vapor de agua que en condiciones normales se mantiene cerca de la superficie líquida.

Cada vez que una molécula escapa, el conjunto del líquido pierde energía de movimiento. Es fácil de entender. Si tenemos un montón de pelotas que botan y chocan unas con otras y vamos extrayendo a las que se mueven más rápido, quedarán las más lentas y el conjunto será menos dinámico. Ese movimiento de las moléculas para nuestro caso, es lo que conocemos como “calor”. Las moléculas más “calientes” son las que se mueven más rápido y por eso pueden escapar del líquido; las que van quedando atrás son más lentas y frías.

En condiciones de equilibrio, alrededor de la superficie líquida, se acumula una gran cantidad de moléculas en movimiento rápido formando vapor, algunas de ellas chocan con la superficie de nuevo, pierden velocidad y se reincorporan al líquido. Cuando escapan tantas moléculas como se reincorporan, se produce un equilibrio y la temperatura del agua se mantiene constante. Ahora bien, si una pequeña ráfaga de aire arrastra el vapor, nuevas moléculas escaparán del líquido y éste se enfriará.

La superficie del botijo, favorece ese proceso. Suda, es decir se empapa de agua, una parte de ella se evapora y al hacerlo va robando calor al agua líquida de la superficie. En un ambiente estanco, la superficie del botijo quedaría envuelta en una nube de vapor y se alcanzaría el equilibrio. Ahora bien, si ponemos el botijo en una corriente de aire, una pequeña brisa basta para arrastrar el vapor que rodea a la vasija provocando que nuevas moléculas escapen del líquido que empapa la superficie y vengan a ocupar el lugar dejado por el vapor. En el proceso se va perdiendo agua líquida, que es reemplazada por la que se cuela por los poros. Así pues, mientras tenga agua, el botijo no deja de sudar. De esa manera, la superficie del botijo situado en una pequeña corriente de aire se irá enfriando y robando calor al agua que queda en el interior.

No obstante, no siempre sucede de la misma manera porque, hay circunstancias ambientales en las que el mecanismo de enfriamiento del botijo funciona mejor que en otras. Como sabemos las moléculas escapan de la superficie sudorosa del botijo, pero imaginémonos que el ambiente exterior está cargado de humedad (aquellos que vivimos en un ambiente húmedo y caluroso sabemos muy bien lo asfixiante que puede llegar a ser).

El exceso de humedad ambiental hace que se alcance con facilidad el equilibrio en la superficie del botijo, se detiene la evaporación neta y el agua no se enfría o lo hace muy poco.

Así pues, hace falta otro factor para que el botijo enfríe: el aire del ambiente debe ser muy seco. Ésta es la razón por la que el botijo funciona bien en verano en las regiones donde la temperatura sube y el ambiente es muy seco, pero mal en las regiones húmedas.

A modo de ejemplo, si la temperatura ambiente es de 30 grados centígrados y la humedad relativa de un 30%, algo típico en regiones del centro de España en verano, un buen botijo puede bajar, como he dicho anteriormente, 10 grados centígrados la temperatura del agua.

Naturalmente, el botijo sudará sólo por la superficie que está en contacto con el agua del interior, así pues, la cantidad de agua que contiene es fundamental y conviene ir rellenándolo a medida que se consume o se evapora. Otro factor es la forma de la vasija, cuanto más superficie de evaporación presente, mejor.

Dos profesores de Química de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) desarrollaron un modelo matemático para explicar su funcionamiento.

El experimento que hicieron se desarrolló de la siguiente manera. Simularon un caluroso día de verano de 39 grados y una humedad relativa del 42%. Llenaron un botijo con 3.161 gramos de agua. Le colocaron un termómetro y midieron periódicamente los cambios en la temperatura y en la cantidad de agua evaporada. Tras las siete primeras horas del experimento, la temperatura del agua había bajado nada menos que 15ºC. Y se habían evaporado 400 gramos de agua a través de los poros de la vasija.

A partir de ese punto, el agua empezó a calentarse. Primero lentamente y, a medida que se reducía su volumen, a mayor velocidad. Al cabo de 72 horas, no quedaba agua en el botijo. Gabriel Pinto, quien había empezado el experimento en solitario, quiso desarrollar un modelo matemático para el botijo. Pero no fue hasta que Zubizarreta se interesó por el proyecto (cuatro años más tarde) que dieron con las ecuaciones.

Básicamente, y como ya he dicho anteriormente, la clave está en la evaporación del agua que impregna el barro poroso. Esta agua exudada a través del barro extrae parte de la energía térmica del agua almacenada, provocando su enfriamiento.

Así pues, y aunque el frigorífico casi ha acabado con la tradición del botijo, y encontrándose apartado del uso cotidiano, hoy es objeto querido por coleccionistas, yo voy a instalar uno en mi huerto y, en verano, echar un buen trago de agua fresca con él. ¡¡¡ Espero sea una verdadera delicia !!!

Frase del día:

Cuando ya no me indigne habré empezado a envejecer. ”

jueves, 4 de agosto de 2022

Judía plana de enrame

Phaseolus vulgaris de la familia de las Leguminosas.

La judía es una especie de origen americano, puesto de manifiesto tanto por diversos hallazgos arqueológicos como por evidencias botánicas e históricas. Los indicios más antiguos de cultivo datan del año 5.000 a.C.

La introducción en España y posteriormente su difusión al resto de Europa tiene lugar en las expediciones de comienzos del siglo XVI.

En nuestras latitudes es una planta anual y su ciclo de cultivo de primavera-verano.

La judía se produce para obtener su fruto y sus semillas. La variedad que nos ocupa, en este momento, es la judía plana de enrame.

Las vainas son alargadas (22-26 cm), estrechas y muy carnosas, retrasando considerablemente el marcado del grano, planas, su color es verde brillante y carecen de hilos, el grano o semilla es de color blanco, destacan por su gran uniformidad con un porcentaje casi nulo de frutos torcidos.

Cuando se cosechan para su consumo como judía verde, se recogen las vainas cuando las semillas están inmaduras y la vaina no está fibrosa, en el caso de judía para grano se debe dejar madurar la vaina.

  • Marco de plantación: Al ser una judía de mata alta y trepadora se prepara un marco para entutorar que habitualmente es de 50 cm entre plantas y de 1 m entre líneas. 
  • Temperatura: Es una variedad exigente en calor. La temperatura mínima de supervivencia es de 0º. El cultivo en invernadero permitirá avanzar la entrada en producción y alargarla. La protección al aire libre mediante pequeños túneles y acolchados también es práctica habitual.

40 – 45ºC

No hay crecimiento.

20 – 30ºC

Crecimiento óptimo.

10 - 20ºC

 30 - 40ºC

Crecimiento aceptable.

0 – 10ºC

No hay crecimiento. Muerte de la planta.

Por lo tanto es una planta que se desarrolla sin problemas con temperaturas cálidas, por lo que es habitual su siembra a principios de primavera y durante el verano.

En cuanto al suelo, este será poco exigente pero estará suelto y bien drenado; rico en materia orgánica y su pH óptimo estará comprendido entre 5,5 y 7. Sensible al exceso de cal y por tanto susceptible a clorosis férrica (amarilleamiento de las hojas por falta de hierro)

A la hora de escoger una ubicación para la siembra hay que tener en cuenta que es una planta de día corto y prefiere ubicaciones al sol, por lo tanto su ubicación, en nuestro huerto, será un sitio soleado.

Preparación del terreno de Plantación.

Plantones de judía.

Llegado el momento de la siembra, podremos hacerlo directamente en la tierra. La siembra suele hacerse en surcos sobre el terreno en sazón y, como norma general, en el marco indicado anteriormente. La siembra se realiza por golpes de entre 3 y 5 semillas que deben enterrarse a una profundidad no superior a los 3 – 4 cm.

Veremos que las semillas empezaran a germinar a los 7-10 días.

Una vez sembradas, es recomendable no regar hasta la aparición de los primeros brotes. A partir de entonces, el riego debe ser regular, tirando a escaso. Podremos incrementar el riego con la llegada de la floración y durante la fructificación de las vainas. La falta de riego en ese momento suele disminuir la producción.

Es un cultivo poco exigente en Nitrógeno (N) pero sus necesidades de Fósforo (P) y Potasio (K) se incrementan con la floración y la formación de las vainas.

Las vainas estarán listas para cosechar a los 15-25 días desde la floración. Es recomendable recolectar las judías cada 3 o 4 días para evitar que el grano se endurezca en el interior de las vainas, lo que va en detrimento de la aparición y/o fructificación de nuevas flores.

La planta de judía de enrame se debe entutorar ya que es una planta que no soporta su propio peso. Tradicionalmente se forma una estructura con cañas. Más recientemente otras formas de entutorado han sustituido a las tradicionales cañas: mallas de entutorar sustentadas por palos de madera y una cuerda horizontal o por la misma estructura anterior formada por cañas, por donde la planta se va guiando. La judía se enrolla por si misma a los tutores.

PLAGAS: 

  • Insectos devoradores de hojas y frutos: La Oruga del tomate y la Rosquilla Negra atacan produciendo daños en las hojas.
  • Insectos minadores de hojas: Lyriomiza sp. Pequeña oruga que crea galerías en las hojas entre las dos epidermis.
  • Mosca blanca: Insecto volador de color blanco y de pequeño tamaño que chupa la savia de las hojas y crea una película sucia sobre las hojas (negrilla).
  • Pulgón: Insecto con aspecto de rombo que succiona savia de la planta.
  • Ácaros: La Araña roja, produce el amarilleamiento en las hojas basales de la planta y colonias rojizas del ácaro en el envés de las hojas.
  • Caracoles y Babosas: Producen daños en las hojas, especial atención tras la germinación y el trasplante ya que pueden acabar con la planta.

ENFERMEDADES:

  • Antracnosis de la judía: produce manchas negras en las hojas a partir de la nerviación hasta la defoliación de la planta. Tratamientos con fungicidas generales. 
  • Roya de las judías: Produce zonas amarillentas en las hojas que en el reverso corresponden a zonas pardas o rojizas.
  • Oídio: Produce manchas amarillas en hojas y en el envés se aprecia un vello blanco característico.
  • Podredumbre gris: Botrytis cinérea. Frecuente en cultivo bajo plástico, produce un moho gris en hojas tallos y frutos. 

Tomates "Óptima" el pasado 9 de Julio.

Uva negra el pasado 25 de Julio.

  En otro orden de cosas, ha llegado el momento de la recolección de las verduras y hortalizas que procedimos a plantar a primeros de abril. Así pues, comenzamos a recolectar berenjenas, judías, cebollas, calabacines, puerros, pepinos, acelgas, piparras, pimientos y, cómo no, la joya del huerto, los tomates.

Así mismo y debido a las altas temperaturas que hemos tenido este mes pasado, la maduración de las uvas se ha acelerado, ya han “pintado” hace días, e incluso las blancas casi están a punto para su degustación. Espero no sean atacadas por alguna enfermedad o plaga y se estropee todo el trabajo efectuado a lo largo del año.

Frase del día:

La gente olvidará lo que dijiste, olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo les hiciste sentir. ”