viernes, 26 de agosto de 2022

El secreto del mecanismo del botijo

¿Por qué enfría el agua un botijo?

 “Vasija de barro poroso que se usa para refrescar el agua, de vientre abultado, con asa en la parte superior, a uno de los lados boca para llenarlo de agua, y al opuesto un pitorro para beber”. Así de sencillo define la RAE el botijo. Lo sorprendente del botijo es que refresca el agua incluso bajo el sol. Y ahora podemos preguntarnos, ¿cómo lo hace?

Su origen está en la Mesopotamia de hace 5.500 años y el más antiguo en España data de algo más de 3.500 años.


Botijo con recipiente para la sudoración.

En realidad todo se debe a las leyes de la física. Lo que hace un botijo es absorber el calor de evaporación del agua, lo que causa que el agua vaya poco a poco perdiendo temperatura (el mismo proceso físico que emplea nuestro cuerpo para refrescarse a través de la sudoración) Claro, este mecanismo no funciona en sitios con mucha humedad, porque la evaporación es mínima. Y el motivo de que casi todos sean blancos o claros, es para absorber menos radiación solar.

Fue la nevera quien convirtió al botijo en una reliquia del pasado, testigo mudo de aquellos sufridos tiempos en los que asistió a peones y labradores bajo el sol abrasador. En las casas también ayudaba, claro, pero como muestra de la constante mejoría en la refrigeración doméstica del agua tenemos todos esos antiguos «botijos» esmaltados o de cristal que a partir del siglo XVIII adornaron las mesas de los ricos.

La evaporación del agua a través de un material poroso permite construir recipientes refrigeradores sencillos y eficaces.

Un botijo es un recipiente utilizado durante siglos, principalmente en España, cuyo objetivo es almacenar agua, enfriarla y mantenerla fresca, hasta 10º C por debajo de la temperatura ambiente, invirtiendo un tiempo en este proceso de aproximadamente 1 hora.

El origen de este término se remonta a los romanos, que lo denominaban “buttis”. Actualmente suele recibir diferentes nombres en función de la localidad: en Andalucía se conoce como “búcaro”, en Cataluña como “càntir”, etc.

Este objeto a base de arcilla, o cerámica, que no ha sido cocida hasta el punto de vitrificación es, por lo tanto, ligeramente poroso y más grueso que el gres o porcelana.

Por regla general, si la arcilla se cuece a temperaturas por debajo de los 1.000 grados, se conservan los huecos entre las partículas de la arcilla y las paredes de la vasija cocida tendrá poros microscópicos por los que, al llenar el botijo, podrá escapar una pequeña cantidad de agua.

En un ambiente cálido y seco, cuando llenamos un botijo de agua, una pequeña parte de ella se va filtrando a través de los poros de la arcilla y emprende un camino hacia el exterior, extrayendo en ese proceso parte de la energía térmica o calor del agua que queda dentro.

Si el botijo es bueno, decimos que “suda” porque el agua alcanza la superficie externa y la humedece. Lógicamente, si los poros han sido destruidos o tapados ya sea por un proceso de vitrificación o porque se ha pintado o barnizado el exterior, el botijo no sudará y tampoco enfriará el agua, sólo servirá de adorno.

Está bien elegido el término, porque el mecanismo de enfriamiento es el mismo que nos refresca a nosotros cuando sudamos y nos ponemos en una corriente de aire.

Tecnología simple, pero útil: Las moléculas de agua en estado líquido se mueven deslizándose unas sobre otras y chocando entre sí. En el seno del líquido están en contacto unas con otras, pero en la superficie del agua algunas moléculas reciben de sus vecinas impulsos lo suficientemente fuertes como para escapar y mezclarse con el aire. Así se forma una nubecilla de vapor de agua que en condiciones normales se mantiene cerca de la superficie líquida.

Cada vez que una molécula escapa, el conjunto del líquido pierde energía de movimiento. Es fácil de entender. Si tenemos un montón de pelotas que botan y chocan unas con otras y vamos extrayendo a las que se mueven más rápido, quedarán las más lentas y el conjunto será menos dinámico. Ese movimiento de las moléculas para nuestro caso, es lo que conocemos como “calor”. Las moléculas más “calientes” son las que se mueven más rápido y por eso pueden escapar del líquido; las que van quedando atrás son más lentas y frías.

En condiciones de equilibrio, alrededor de la superficie líquida, se acumula una gran cantidad de moléculas en movimiento rápido formando vapor, algunas de ellas chocan con la superficie de nuevo, pierden velocidad y se reincorporan al líquido. Cuando escapan tantas moléculas como se reincorporan, se produce un equilibrio y la temperatura del agua se mantiene constante. Ahora bien, si una pequeña ráfaga de aire arrastra el vapor, nuevas moléculas escaparán del líquido y éste se enfriará.

La superficie del botijo, favorece ese proceso. Suda, es decir se empapa de agua, una parte de ella se evapora y al hacerlo va robando calor al agua líquida de la superficie. En un ambiente estanco, la superficie del botijo quedaría envuelta en una nube de vapor y se alcanzaría el equilibrio. Ahora bien, si ponemos el botijo en una corriente de aire, una pequeña brisa basta para arrastrar el vapor que rodea a la vasija provocando que nuevas moléculas escapen del líquido que empapa la superficie y vengan a ocupar el lugar dejado por el vapor. En el proceso se va perdiendo agua líquida, que es reemplazada por la que se cuela por los poros. Así pues, mientras tenga agua, el botijo no deja de sudar. De esa manera, la superficie del botijo situado en una pequeña corriente de aire se irá enfriando y robando calor al agua que queda en el interior.

No obstante, no siempre sucede de la misma manera porque, hay circunstancias ambientales en las que el mecanismo de enfriamiento del botijo funciona mejor que en otras. Como sabemos las moléculas escapan de la superficie sudorosa del botijo, pero imaginémonos que el ambiente exterior está cargado de humedad (aquellos que vivimos en un ambiente húmedo y caluroso sabemos muy bien lo asfixiante que puede llegar a ser).

El exceso de humedad ambiental hace que se alcance con facilidad el equilibrio en la superficie del botijo, se detiene la evaporación neta y el agua no se enfría o lo hace muy poco.

Así pues, hace falta otro factor para que el botijo enfríe: el aire del ambiente debe ser muy seco. Ésta es la razón por la que el botijo funciona bien en verano en las regiones donde la temperatura sube y el ambiente es muy seco, pero mal en las regiones húmedas.

A modo de ejemplo, si la temperatura ambiente es de 30 grados centígrados y la humedad relativa de un 30%, algo típico en regiones del centro de España en verano, un buen botijo puede bajar, como he dicho anteriormente, 10 grados centígrados la temperatura del agua.

Naturalmente, el botijo sudará sólo por la superficie que está en contacto con el agua del interior, así pues, la cantidad de agua que contiene es fundamental y conviene ir rellenándolo a medida que se consume o se evapora. Otro factor es la forma de la vasija, cuanto más superficie de evaporación presente, mejor.

Dos profesores de Química de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) desarrollaron un modelo matemático para explicar su funcionamiento.

El experimento que hicieron se desarrolló de la siguiente manera. Simularon un caluroso día de verano de 39 grados y una humedad relativa del 42%. Llenaron un botijo con 3.161 gramos de agua. Le colocaron un termómetro y midieron periódicamente los cambios en la temperatura y en la cantidad de agua evaporada. Tras las siete primeras horas del experimento, la temperatura del agua había bajado nada menos que 15ºC. Y se habían evaporado 400 gramos de agua a través de los poros de la vasija.

A partir de ese punto, el agua empezó a calentarse. Primero lentamente y, a medida que se reducía su volumen, a mayor velocidad. Al cabo de 72 horas, no quedaba agua en el botijo. Gabriel Pinto, quien había empezado el experimento en solitario, quiso desarrollar un modelo matemático para el botijo. Pero no fue hasta que Zubizarreta se interesó por el proyecto (cuatro años más tarde) que dieron con las ecuaciones.

Básicamente, y como ya he dicho anteriormente, la clave está en la evaporación del agua que impregna el barro poroso. Esta agua exudada a través del barro extrae parte de la energía térmica del agua almacenada, provocando su enfriamiento.

Así pues, y aunque el frigorífico casi ha acabado con la tradición del botijo, y encontrándose apartado del uso cotidiano, hoy es objeto querido por coleccionistas, yo voy a instalar uno en mi huerto y, en verano, echar un buen trago de agua fresca con él. ¡¡¡ Espero sea una verdadera delicia !!!

Frase del día:

Cuando ya no me indigne habré empezado a envejecer. ”

jueves, 4 de agosto de 2022

Judía plana de enrame

Phaseolus vulgaris de la familia de las Leguminosas.

La judía es una especie de origen americano, puesto de manifiesto tanto por diversos hallazgos arqueológicos como por evidencias botánicas e históricas. Los indicios más antiguos de cultivo datan del año 5.000 a.C.

La introducción en España y posteriormente su difusión al resto de Europa tiene lugar en las expediciones de comienzos del siglo XVI.

En nuestras latitudes es una planta anual y su ciclo de cultivo de primavera-verano.

La judía se produce para obtener su fruto y sus semillas. La variedad que nos ocupa, en este momento, es la judía plana de enrame.

Las vainas son alargadas (22-26 cm), estrechas y muy carnosas, retrasando considerablemente el marcado del grano, planas, su color es verde brillante y carecen de hilos, el grano o semilla es de color blanco, destacan por su gran uniformidad con un porcentaje casi nulo de frutos torcidos.

Cuando se cosechan para su consumo como judía verde, se recogen las vainas cuando las semillas están inmaduras y la vaina no está fibrosa, en el caso de judía para grano se debe dejar madurar la vaina.

  • Marco de plantación: Al ser una judía de mata alta y trepadora se prepara un marco para entutorar que habitualmente es de 50 cm entre plantas y de 1 m entre líneas. 
  • Temperatura: Es una variedad exigente en calor. La temperatura mínima de supervivencia es de 0º. El cultivo en invernadero permitirá avanzar la entrada en producción y alargarla. La protección al aire libre mediante pequeños túneles y acolchados también es práctica habitual.

40 – 45ºC

No hay crecimiento.

20 – 30ºC

Crecimiento óptimo.

10 - 20ºC

 30 - 40ºC

Crecimiento aceptable.

0 – 10ºC

No hay crecimiento. Muerte de la planta.

Por lo tanto es una planta que se desarrolla sin problemas con temperaturas cálidas, por lo que es habitual su siembra a principios de primavera y durante el verano.

En cuanto al suelo, este será poco exigente pero estará suelto y bien drenado; rico en materia orgánica y su pH óptimo estará comprendido entre 5,5 y 7. Sensible al exceso de cal y por tanto susceptible a clorosis férrica (amarilleamiento de las hojas por falta de hierro)

A la hora de escoger una ubicación para la siembra hay que tener en cuenta que es una planta de día corto y prefiere ubicaciones al sol, por lo tanto su ubicación, en nuestro huerto, será un sitio soleado.

Preparación del terreno de Plantación.

Plantones de judía.

Llegado el momento de la siembra, podremos hacerlo directamente en la tierra. La siembra suele hacerse en surcos sobre el terreno en sazón y, como norma general, en el marco indicado anteriormente. La siembra se realiza por golpes de entre 3 y 5 semillas que deben enterrarse a una profundidad no superior a los 3 – 4 cm.

Veremos que las semillas empezaran a germinar a los 7-10 días.

Una vez sembradas, es recomendable no regar hasta la aparición de los primeros brotes. A partir de entonces, el riego debe ser regular, tirando a escaso. Podremos incrementar el riego con la llegada de la floración y durante la fructificación de las vainas. La falta de riego en ese momento suele disminuir la producción.

Es un cultivo poco exigente en Nitrógeno (N) pero sus necesidades de Fósforo (P) y Potasio (K) se incrementan con la floración y la formación de las vainas.

Las vainas estarán listas para cosechar a los 15-25 días desde la floración. Es recomendable recolectar las judías cada 3 o 4 días para evitar que el grano se endurezca en el interior de las vainas, lo que va en detrimento de la aparición y/o fructificación de nuevas flores.

La planta de judía de enrame se debe entutorar ya que es una planta que no soporta su propio peso. Tradicionalmente se forma una estructura con cañas. Más recientemente otras formas de entutorado han sustituido a las tradicionales cañas: mallas de entutorar sustentadas por palos de madera y una cuerda horizontal o por la misma estructura anterior formada por cañas, por donde la planta se va guiando. La judía se enrolla por si misma a los tutores.

PLAGAS: 

  • Insectos devoradores de hojas y frutos: La Oruga del tomate y la Rosquilla Negra atacan produciendo daños en las hojas.
  • Insectos minadores de hojas: Lyriomiza sp. Pequeña oruga que crea galerías en las hojas entre las dos epidermis.
  • Mosca blanca: Insecto volador de color blanco y de pequeño tamaño que chupa la savia de las hojas y crea una película sucia sobre las hojas (negrilla).
  • Pulgón: Insecto con aspecto de rombo que succiona savia de la planta.
  • Ácaros: La Araña roja, produce el amarilleamiento en las hojas basales de la planta y colonias rojizas del ácaro en el envés de las hojas.
  • Caracoles y Babosas: Producen daños en las hojas, especial atención tras la germinación y el trasplante ya que pueden acabar con la planta.

ENFERMEDADES:

  • Antracnosis de la judía: produce manchas negras en las hojas a partir de la nerviación hasta la defoliación de la planta. Tratamientos con fungicidas generales. 
  • Roya de las judías: Produce zonas amarillentas en las hojas que en el reverso corresponden a zonas pardas o rojizas.
  • Oídio: Produce manchas amarillas en hojas y en el envés se aprecia un vello blanco característico.
  • Podredumbre gris: Botrytis cinérea. Frecuente en cultivo bajo plástico, produce un moho gris en hojas tallos y frutos. 

Tomates "Óptima" el pasado 9 de Julio.

Uva negra el pasado 25 de Julio.

  En otro orden de cosas, ha llegado el momento de la recolección de las verduras y hortalizas que procedimos a plantar a primeros de abril. Así pues, comenzamos a recolectar berenjenas, judías, cebollas, calabacines, puerros, pepinos, acelgas, piparras, pimientos y, cómo no, la joya del huerto, los tomates.

Así mismo y debido a las altas temperaturas que hemos tenido este mes pasado, la maduración de las uvas se ha acelerado, ya han “pintado” hace días, e incluso las blancas casi están a punto para su degustación. Espero no sean atacadas por alguna enfermedad o plaga y se estropee todo el trabajo efectuado a lo largo del año.

Frase del día:

La gente olvidará lo que dijiste, olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo les hiciste sentir. ”

domingo, 24 de julio de 2022

Nuevo proyecto de Tomates

El tomate de El Perelló

El Perelló siempre ha sido un territorio especial, un lugar extraordinario en el que la simbiosis entre el Mediterráneo y la tierra ha permitido cultivar algunos de los productos más exquisitos de la huerta valenciana. Históricamente, fue un pueblo de pescadores y de agricultores, que hicieron del mar y de la Albufera un estilo de vida. Su estilo de vida.

Planteles de Tomate de El Perelló.

Este fruto que trajeron los conquistadores españoles de América en el siglo XVI tiene una temporada muy corta.

Solo crecen de mayo hasta agosto. La marca «Tomates de El Perelló» se extiende desde El Perellonet hasta casi Cullera y alfombran los campos del Parque Natural de la Albufera junto a los arrozales. Su pulpa dulce y carnosa es codiciada por los paladares más exquisitos.

Los tomates de El Perelló se cultivan en arena de playa, que antes era mar y que ahora nos ofrece un terreno capaz de filtrar el agua con la que se riegan las tomateras. Al estar al nivel del mar, esta agua tiene una cantidad de sales minerales que la planta convierte en azúcares y que le dan ese gusto tan poderoso. Este es el secreto del sabor único de sus tomates.

Una de las características principales es su intenso aroma y sabor, sabor que se caracteriza por una dulzura especial e inconfundible. Son tomates muy carnosos, con pocas semillas, algo escasos en zumo, con una piel muy fina, dulce e inconfundible por su poca acidez, características que lo convierten en un producto tan exquisito como apreciado. 

 


El secreto, que le da esa peculiaridad a los tomates de El Perelló, es la tierra, o mejor dicho, la arena de playa sobre la que las tomateras hunden sus raíces.

El tomate del Perelló se cultivaba tradicionalmente sobre la arena, al pie de las dunas que lo protegían del viento, y se regaba con aguas sobrantes y un punto salinas que llegaban de la Albufera.

Un terreno inerte que filtra el agua con que se riegan las matas y que, al estar al nivel del mar, tiene una cantidad de sales minerales que la planta convierten en azúcares y que le dan ese sabor poderoso.

En agosto se riegan los campos a manta y se cubren con un plástico. Prácticamente se produce una pasteurización del terreno que hace innecesario aplicar desinfectantes al suelo, bastará con una temprana aplicación de productos fitosanitarios blandos, basados en cobre.

Frase del día:

Siempre pienso que el proyecto en el que estoy trabajando será el mejor.

martes, 14 de junio de 2022

Marcos de plantación

Hemos visto que en distintas crisis históricas las ciudades han desarrollado amplios programas de agricultura urbana para poder asegurar el abastecimiento de sus habitantes. Si bien el sentido de los huertos urbanos ha ido variando a lo largo de la historia, y sus usuarios, organización y funciones son distintas en cada momento, siempre se han mostrado como un elemento fundamental en estrategias de resiliencia urbana.

Un huerto urbano es un espacio que dedicamos al cultivo de alimentos por nuestra cuenta y de forma natural, es decir, sin llevar a cabo prácticas como las de la industria convencional, como puede ser el empleo de sustancias químicas o de fertilizantes.

La idea es regresar a las prácticas del cultivo natural (ahora también llamado cultivo ecológico) y producir alimentos más sanos.

Sin embargo, lo que ganamos al construir un huerto urbano en casa no es solo eso. El efecto positivo que generamos es mucho más amplio. Veamos algunas de sus ventajas:

·      Estimula el autoconsumo: Los huertos urbanos no solo son una tendencia. Cuando se asumen como un proyecto a largo plazo, pueden convertirse en una vía para el autoconsumo de alimentos. Además de la satisfacción personal que esto genera, contribuimos a disminuir la oferta de alimentos que se producen bajo la lógica del consumo masivo.

·     Mejora nuestra relación con los entornos: Gracias a un huerto urbano, conocemos de cerca los ciclos naturales de la tierra y las condiciones propias de nuestro entorno. Al hacerlo, fomenta en nosotros el respeto hacia el medioambiente y la necesidad de conservar los recursos que usamos día a día.

·    Promueve prácticas sostenibles: Al ser nosotros mismos los encargados de gestionar y mantener el huerto, podemos multiplicar las prácticas sostenibles que algunas empresas u organizaciones ya ponen en marcha para conservar el medioambiente y el equilibrio planetario.

Podríamos marcar varias etapas de la evolución del significado de los huertos urbanos. En sus comienzos, en la ciudad industrial del XIX y principios del XX, eran prácticas necesarias para la subsistencia, en un contexto de desposesión que dejó a amplias capas sociales desprovistas de medios de sustento. Los huertos se utilizaron también como instrumentos de control social y de modificación de los hábitos y estilos de vida, y se regularon fuertemente para evitar que pudieran proporcionar una excesiva autonomía a sus beneficiarios.

Ajos a punto de su recolección.

Recolección de los ajos.

A partir de los años 70 los proyectos de agricultura urbana se relacionan con la autogestión, el desarrollo local, la mejora de entornos degradados, la integración social, el fortalecimiento comunitario y la educación ambiental.

Después de un largo periodo en el que los huertos se han entendido básicamente como elementos de ocio o asistenciales, en la actualidad cobra fuerza el objetivo de hacer más sostenibles las ciudades, y de lograr la inserción de la naturaleza en ellas mediante corredores ecológicos y otro tipo de espacios verdes que influyan positivamente en el metabolismo urbano y que aumenten la biodiversidad.

 

 

Parra de Uva Blanca.

Plataneras y Níspero.

Pero, como por norma general, los huertos urbanos son de dimensiones reducidas, deberemos de optimizar en todo momento el terreno del que disponemos y, para tal efecto, disponemos de los llamados marcos de plantación.

El marco de plantación es la distancia recomendada entre plantas y líneas de cultivos. Por ejemplo, el de una acelga es 30 x 40 cm. Los 30 cm son la separación entre una planta y otra. Los 40 cm es la separación entre hileras o filas de cultivos.

Teniendo esto en cuenta, existen diferentes formas de disposición de las plantas. Estas son las más populares:

·     Cuadrado: también denominado marco real”. La distancia entre plantas y filas es siempre la misma de manera que cada una de ellas se sitúa en el vértice de un cuadrado.

·      Tresbolillo: cada planta se sitúa en el vértice de un triángulo equilátero, guardando siempre la misma distancia entre plantas que entre filas.

·      Cinco de oros: es un marco real o rectangular pero con una planta en el centro de cada cuadrado o rectángulo. Debe su nombre a que asemeja a la disposición del cinco de oros en la baraja española.

El marco de plantación en los cultivos es importante, con una separación idónea de las plantas obtendremos cultivos más productivos y con menos riegos de plagas y enfermedades.

Así mismo el marco de plantación también es importante para conseguir una ventilación y aireación óptima para los cultivos hortícolas. Favorecerá el cuajado de los frutos y las hojas de las plantas recibirán toda la luz que necesitan para su desarrollo.

Veamos ahora algunos marcos de plantación, así como el período recomendado para su recolección, de algunas verduras y hortalizas:

·     Acelga: Como he dicho anteriormente, el marco de plantación es de 30x40 cm. La recolección se produce a los 50-60 días. Podemos recoger hojas sueltas o  la planta entera.

·      Alcachofa: La alcachofa es una planta ideal para sembrar en invierno y primavera. Su sabor es intenso y suave. Necesita un suelo profundo y rico en materia orgánica. El riego debe ser espaciado, pero abundante. La plantación debe realizarse a 80 x 100 cm. Permite la recolección de 4 o 5 cosechas. Se recomienda recolectar a los 5 meses antes de que la alcachofa se abra.

·      Berenjenas: La época ideal para plantar las berenjenas es el verano, pero podemos también plantarlas en primavera, con la llegada del buen tiempo. El suelo para su cultivo debe estar suelto, pero bien abonado y que retenga la humedad. El riego debe ser moderado. La plantación se realiza a 60 x 100 cm. Si queremos limitar la producción de sus frutos, se recomienda podar la planta. La recolección se realiza a los 3 meses. Se suelen producir entre 10 y 30 berenjenas por planta.

·      Cebollas: La cebolla se puede cultivar durante todo el año. El suelo debe de ser ligero, aireado y con poca materia orgánica. El riego debe ser regular al principio, espaciándose poco a poco. La plantación se realiza a 30 x 15 cm. Y se recolecta a los 3-4 meses. Es aconsejable dejarlas secar, en el propio terreno donde han estado, cuando procedamos a su arrancado.

·      Coliflor: La coliflor es una verdura que se puede cultivar durante todo el año. El suelo debe de ser arcilloso, aireado y con materia orgánica. El riego debe ser espaciado, pero abundante. La plantación se realiza a 60 x 70 cm. Se pueden atar las hojas para proteger la piña del sol. Se recolecta a los 3-4 meses.

·      Fresón: Es un cultivo ideal para cualquier estación del año. El suelo debe de estar bien abonado, blando, pero no demasiado calizo. El riego debe de ser espaciado. Sin embargo, cuando empieza a florecer el fruto, deberemos de regarlo con más asiduidad. La plantación se realiza a 30 x 40 cm. Se recomienda acolchar con paja para evitar pudriciones. Se recolecta desde finales de primavera hasta el otoño.

Mi Huerto el pasado día 8 de Junio.

·      Judías: Si las temperaturas acompañan, se pueden empezar a plantar en el mes de marzo. No les gusta ni el exceso de frío ni de calor. El suelo debe ser rico en fósforo y potasio. Podemos sembrarlas directamente  2 o 3 semillas con un marco de plantación de 40 x 100 cm. El riego debe conservar la humedad, pero sin encharcar. Las judías germinarán entre 8-10 días, dependiendo de la variedad. Se recolectan cada 8-10 días.

·      Lechugas: La lechuga se puede cultivar durante todo el año. El suelo debe ser suelto y fértil. El riego debe ser frecuente, sin mojar la parte central. La plantación se realiza a 30 x 40 cm, aunque varía en función de la variedad. La recolección se realiza a los 30-40 días, atando previamente las variedades romanas.

·      Pimiento: Existen muchas variedades de pimiento: verde, rojo, amarillo, guindilla… El pimiento se suele cultivar en verano. Pero podemos cultivarlo en primavera, en función del tiempo. El suelo debe ser ligero y rico en materia orgánica. Se debe regar con regularidad, pero sin encharcar la mata. La plantación se realiza 40 x 50 cm. Se recoge a los 2-3 meses, aunque de forma escalonada.

·   Pepino: El pepino se siembra a partir de primavera y cuando las temperaturas son superiores a 15ºC. Necesitan un suelo rico en nutrientes y abonado cada 2 semanas. En cada hoyo, introducimos un par de semillas. Cuando germinen (8-10 días), seleccionamos la plántula más fuerte. El marco de plantación es de 50 x 80 cm. La tierra debe estar húmeda, pero sin encharcar. Los frutos se recogen a las 10 semanas, cuando midan aproximadamente entre 10-20 cm.

·      Puerros: Los puerros se cultivan todo el año. El suelo debe de estar bien abonado y algo húmedo en verano. El riego ha de ser moderado, pero frecuente. El marco de plantación es de 15 x 30 cm. Y se recolecta a partir de los 4 meses, de forma escalonada.

·   Tomates: La época por excelencia para el cultivo del tomate es el verano. Pero también lo podemos plantar en primavera si el tiempo es bueno. El suelo debe estar bien nutrido, esponjoso y aireado. El riego del tomate debe ser frecuente, pero sin encharcar. La plantación del tomate se realiza a 40-50 x 60-70 cm. Conviene enterrar la parte del tallo. Los de mata alta requieren tutor y poda. En cambio, los de mata pequeña, como los cherry y los tomate pera no. La recolección se realiza a los 2-3 meses.

·      Zanahorias: Las zanahorias necesitan un suelo rico en potasio, sobre todo en la fase de crecimiento. Se siembra en semillas, con un marco de plantación de 1 x 4 cm. Germinan entre 5-25 días. Necesitan un riego suave, que mantenga la humedad. Se recolectan en 3-4 meses.

Pero como he dicho infinidad de veces, para que la producción de nuestro huerto sea efectiva, hacen falta unos polinizadores y que mejor que para ello, disponer de una colmena cerca de nuestro huerto?

Tabla, sombrilla, para mitigar el calor veraniego de la colmena.

Las plantas compiten entre sí, todas quieren ser polinizadas, ya que sólo entonces podrán reproducirse. Los sentidos de las abejas están adaptados a las señales que emiten las flores, por un lado su color y por otro su olor. Las abejas pueden ver los colores, y prefieren volar sobre las amarillas y azules ya que no ven el color rojo. Por ejemplo, sólo ven la amapola como una mancha oscura.

Sin embargo, las abejas pueden ver la luz ultravioleta, y las plantas con flores “saben” esto, por ello tienen pigmentos que reflejan la luz ultravioleta. Las abejas saben donde están las fuentes de néctar y por tanto cuáles son los lugares óptimos para aterrizar.

Es increíble que las abejas sólo pueden ver los colores a una velocidad de vuelo máxima de 5 km / h, a mayor velocidad ven su entorno en blanco y negro.

Las abejas huelen con sus antenas. Gracias a la movilidad de sus antenas, también pueden oler espacialmente, lo que les permite saber la dirección de la que provienen los olores y dirigirse directamente a la planta en flor, polinizarla y recoger el néctar.

Las abejas chupan el néctar, la base para la miel, con su trompa y lo almacenan en su “estómago de miel”. El polen, que contiene una gran cantidad de proteínas y se utiliza sobre todo para criar a la prole, es recogido por las abejas casi al vuelo. Se adhiere a los pelos de las abejas, y cuando éstas visitan la próxima planta de la misma especie lo transfieren en cantidades adecuadas a su estigma.

Las abejas visitan alrededor de 100 flores por vuelo de pecoreo, con una velocidad de hasta 30 kilómetros por hora. Con diez vuelos al día, visitan unas 1.000 flores, sin embargo son capaces de realizar hasta 40 vuelos diarios lo que aumenta la cifra considerablemente. Por lo tanto, si de las colmenas salen diariamente unas 20.000 abejas varias veces al día, unos 20 millones de flores se polinizan diariamente. Si quieres conocer algo más sobre las abejas, pulsa en este enlace.

Cuando la abeja encuentra una importante fuente de alimentos, comparte esta información con sus compañeras efectuando diversas danzas (circular y de meneo), que son el primer paso para un reclutamiento efectivo.

Frase del día:

La tristeza es un lujo que solo pueden permitirse los jóvenes. ”